Turismo en automovil
Amigos de AUTOTUR: A fines del verano de 1993. volviamos de Rio Grande (Brasil), sin alojamiento aun, nos encontrabamos en la Rambla de Carrasco, en Montevideo (uy), rumbo al centro de la ciudad. Al llegar al Hotel Carrasco me asalto una curiosidad irrefrenable. El Hotel Carrasco es un imponente edificio neobarroco construido a principios del S XX, como unica construccion sobre una rotonda frente a la aristocratica playa. Desde fines de los aņos 50 y en la decada del 60 se urbanizo y poblo la zona circundante, formandose uno de los barrios mas lujosos de Montevideo. Ademas de su valor arquitectonico el Hotel Carrasco es importante porque alli funciona uno de los dos casinos de Montevideo, que tienen prestigio internacional, alli perdieron su fortuna importantes figuras rioplatenses y mas de uno salio de noche con los bolsillo vacios, rumbo a la playa y nunca regreso. Detuve el auto en la puerta del hotel y le pedi a mi mujer que bajara a averiguar. Ella, pensando en las arcas vaciadas por las vaciones, me miro con cara de "maņana te pido turno con el psiquiatra", pero ante mi insistencia bajo y entro al hotel. Yo me quede al volante cuidando a los niņos y al equipaje. A los pocos minutos salio sonriente indicandome que llevara el auto a la cochera del hotel. |
En aquel entonces el Hotel Carrasco estaba administrado por la Comuna de Montevideo. El edificio tenia un mantenimiento pobre, y el servicio aunque muy digno por parte de su personal, con mucha experiencia y profesionalismo, era tambien modesto. Pero como contrapartida, las tarifas eran bajas y las modificaciones edilicias que se habian hecho desde la construccion eran practicamente nulas, lo que me permitio conocer y disfrutar aunque fuera por una noche, de las delicias de ese ambiente otrora refinado y lujoso. La habitacion que nos dieron era muy amplia y de techos altos con molduras y florcitas rococo. Las camas de bronce, con elasticos metalicos y colchones de lana. El piso era de parquet de pino tea perfectamente encerado. Como todas las demas habitaciones tenia un baņo privado (prueba de la jerarquia de la construccion en aquellos tiempos), que media unos tres por tres metros, baņera con patas de bronce, ducha con caņeria a la vista, no empotrada en la pared y lavabo con dos canillas independientes, sin mezcladora. Las paredes estaban pintadas de gris bastante oscuro, segun el gusto del funcionario de turno. A la maņana sigueinte abrimos la alta ventana con postigos metalicos y cortina de voile y vimos daba al patio central del edificio y se veia, desde arriba la enorme |
cupula de bronce y cristal. El desayuno (incluido en la tarifa, of course) fue modesto pero digno. Cafe o te con leche, tostadas humeantes, mermeladas y manteca Conaprole. Todo servido en lujosa vajilla de porcelana y cubiertos de plata. Una paqueteria. El salon del bar donde se servia el desayuno, no desentonaba con el resto del edificio, era un salon de unos 25 por 15 metros rodeado, en tres de sus lados por altas ventanas, algunas de las cuales daban a la rambla y a la playa. Mesas cuadradas de 1.30m de lado, discretamente separadas. A los lados de cada mesa 4 sillones de respaldo alto tapizados en cuero, con infinidad de tachelas en los bordes y apoyabrazos de madera ornamentada, que alguna vez fueron dorados y afirmaban el refinado gusto frances y el abandono municipal. Todo un lujo decadente. Esa noche en el Hotel Carrasco fue una experiencia muy agradable y que nunca olvidare. Tal vez tampoco nunca la pueda repetir. Porque creo que el hotel fue privatizado poco despues e imagino que habran introducido "mejoras" y aumentado las tarifas. Saludos. Daniel E. Torres |